“Consensos son posibles con compromiso ético por la paz”

 

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A un mes del triunfo del NO en el plebiscito, los integrantes de la Paz Querida consideramos que es necesario poner en primer plano la dimensión moral de la paz, a fin de superar la polarización que persiste y encontrar una salida razonable y rápida a la renegociación del acuerdo de paz.

La paz como valor moral

Se ha conseguido la paz como valor moral. Y todo valor moral  es siempre incondicional, libre de todo interés de sacar provechos individuales y colectivos, no negociable, porque vale completamente por sí mismo y nada hay por lo que justifique ser cambiado.

Es un logro ético de respeto a nosotros mismos, y de nosotros al ser humano, no solo en Colombia sino en todo el mundo. Por este valor que hemos ganado, los colombianos ponemos nuestro honor en la decisión de no matarnos nunca más por conseguir el poder. Y esto no de palabra, porque hasta hoy  no éramos creíbles por nuestros crímenes, sino con un pacto ético real que asume todos los costos y las responsabilidades de este compromiso moral.

Un logro de todos

Esto que se ha conseguido es el resultado del esfuerzo de todos. No hubiera sido posible sin los esfuerzos de los gobiernos precedentes y sin el inmenso movimiento de paz de Colombia llevado por organizaciones de mujeres, ONG, sindicatos, indígenas, afros, jóvenes, universidades, artistas. Sin el precio inmedible de miles de líderes populares, cívicos, políticos, que no estaban de acuerdo con la lucha armada y que fueron asesinados de todos los lados cuando trabajaban por la paz. Y por supuesto sin los cuatro años de complejas y difíciles conversaciones en La Habana, que recogieron todos los aportes precedentes.

Una toma de conciencia  que debemos a las víctimas 

Por muchos años nos resistimos a mirar de cerca a  las víctimas de dos mil masacres, treinta mil secuestros, las más de treinta mil desapariciones forzadas y los miles de falsos positivos, doce mil despedazados por minas antipersonas, doscientos ochenta mil civiles asesinados por los actores en guerra, más de ocho millones de familiares de los destrozados, que en su mayoría huyeron abandonando el campo y hoy están en las listas formales de víctimas. Este dolor finalmente se nos vino encima. No fue posible que  siguiéramos escapando de su presencia dramática; y al llegar desató en muchos de nosotros la compasión que no podíamos evitar. Y hemos llorado con ellos y ellas y por nosotros mismos.  Y con la compasión ha surgido en nosotros la urgencia de la responsabilidad. La obligación de parar esta locura.  Mientras las víctimas con sus testimonios nos mostraron en La Habana nuestra capacidad de destruirnos y odiarnos y someternos, unos a otras,  a la humillación y el terror. Para luego hacernos ver que en esas mismas víctimas estaba el coraje para emerger de la deshumanización profunda y rescatarnos, y mostrar  que los colombianos somos también capaces de reconstruirnos de nuevo, de volver a creer los unos en los otros, de reconciliarnos, incluso de perdonarnos.

Un logro frágil

Este logro moral, y por tanto generoso, es sin embargo frágil porque nosotros apenas estamos despertando como pueblo de una larga noche del alma, de una profundísima crisis espiritual, y los rezagos de esa crisis viven todavía en nuestro interior: miedo de los demás, desconfianza, reclamos, venganzas, sospechas, inseguridades, y por siempre las grandes pasiones humanas del poder, de la riqueza, del prestigio, del reconocimiento. Todo esto nos pone al borde de precipitarnos otra vez en la locura de la guerra política.

Por eso el grito de los jóvenes en las calles de Colombia pidiéndonos que nos liberemos del país que quedó atrás, que demos un salto cualitativo, que más allá del NO y del SI establezcamos la Paz Ya. Esto puede hacerse con base en cuatro presupuestos básicos:

  1. Lo importante es el ser humano. 8 millones de víctimas. Comprometernos con esta opción por la dignidad humana igual de todas y de todos es necesario si queremos ser parte de la comunidad internacional perpleja ante nuestra destrucción interminable.
  2. La necesidad de ir juntos. Esta paz la consolidamos entre todos o no habrá paz para nadie en Colombia.
  3. La obligación de cambiar. Para poder ir juntos todas y todos tenemos que cambiar.
  4. La decisión por parte de todos de decir la verdad y de aceptar responsabilidades.

El horizonte mayor

Hay que asegurar, más allá del SI y del NO,  que este valor moral de la paz se encarne en un acuerdo mayor, que sea ampliamente aceptable para el pueblo soberano, institucionalmente legítimo y socialmente consistente con un país de diferencias culturales y regionales. Un acuerdo que sea políticamente viable, económicamente factible y jurídicamente sólido  y eficaz.

Ese acuerdo es posible si se hace del resultado del plebiscito una oportunidad para superar nuestra polarización. El acuerdo de la Habana requiere modificaciones sustanciales que sean capaces de enfrentar las principales objeciones y preocupaciones de quienes votaron NO pero debe ser preservada la esencia y estructura del acuerdo ya firmado, que fue logrado después de largos años de difíciles conversaciones y recibió el apoyo de casi la mitad de los votantes.

Los consensos posibles

Los consensos son posibles si las partes en la renegociación (el gobierno, las FARC-EP y los voceros del SI y del NO) tienen siempre presente que, a pesar de sus discrepancias, pueden compartir las finalidades morales perseguidas por los puntos del acuerdo que suscitaron mayor polémica. Los siguientes diez puntos así lo muestran:

  1. La intención de incluir el texto del acuerdo en la Constitución y radicarlo en Suiza es garantizar su cumplimiento y protegerlo de los cambios políticos en el mediano y largo plazo. Lo importante es asegurar esta protección, sin que sea necesario llevar a la Constitución en forma indefinida la totalidad de los Acuerdos de la Habana.
  1. La intención de lograr la participación política de los exguerrilleros es el reconocimiento de que han luchado por el interés público negando la legitimidad del Estado, y ahora, gracias al acuerdo, reconocen la legitimidad de ese Estado y aceptan actuar políticamente desde dentro de este Estado que ahora respetan. Lo importante es establecer las condiciones de esa participación.
  1. La intención de crear 16 circunscripciones territoriales especiales transitorias es garantizar la inclusión y representación de zonas afectadas por el conflicto y el abandono estatal. Lo importante es garantizar ese propósito sin otorgar en ellas ninguna ventaja al movimiento o partido político que surja de las FARC-EP.
  1. La intención de establecer una jurisdicción especial de paz es asegurar el cierre jurídico del conflicto armado, satisfacer los derechos de las víctimas y la rendición de cuentas de los responsables de crímenes internacionales ante un tribunal imparcial y especializado. Lo importante es garantizar la autonomía e imparcialidad de esa jurisdicción especial sin que eso impida que se introduzcan precisiones sobre su funcionamiento y temporalidad.
  1. La intención de establecer sanciones alternativas para los responsables de crímenes internacionales, en vez de las penas ordinarias, es permitir que haya paz pero sin que exista impunidad por esos crímenes. Lo importante no es tanto que obligatoriamente sean penas de cárcel sino precisar las condiciones como se desarrollarán esas sanciones alternativas a fin de que haya garantía de que se trate de una sanción seria y significativa.
  1. La intención de dar prioridad a la reforma rural integral es proteger al campesinado de manera integral por estar allí el ojo del huracán de nuestra destrucción como seres humanos. Lo importante es asegurar esa protección al campesinado, sin que la reforma rural integral deba oponerse a la economía de mercado ni a las diversas formas de inversión de capital en el campo.
  1. La intención del acuerdo sobre la coca es acabar con todas las fuentes de financiación de la guerra insurgente – que son siempre financiaciones ilegales y perversas – porque ya no habrá más guerra interna; y por eso hay que ir hasta la erradicación total de las formas de acumulación criminal que incluyen los narcóticos, la minería criminal, el gota-gota, la extorsión en los barrios populares, Porque de lo contrario, de estas formas perversas, vuelven a aparecer las armas que sustituyen las leyes por la guerra. Lo importante es asegurar el control de esas economías ilícitas.
  2. La intención de que las FARC-EP acepten su participación en el narcotráfico es para que contribuyan a su desmantelamiento y pongan a disposición de la sociedad colombiana todos los bienes derivados de la denominada “economía de guerra”, en especial para que éstos contribuyan a  la reparación de las víctimas. Lo importante es lograr esos propósitos sin que eso implique desconocer el carácter político de las guerrillas, para lo cual son posibles diversas fórmulas jurídicas.
  3. La intención de asegurar la participación plural de las autoridades y comunidades en las instancias de seguimiento e implementación de los Acuerdos es fortalecer la democracia participativa. Lo importante es lograr ese propósito pero sin limitar las competencias de las autoridades locales ni permitir el monopolio de ex guerrilleros de las FARC-EP en las mismas.
  1. La intención de incorporar un enfoque de género en el texto es proteger a las mujeres y a la población LGBT cuyos derechos fueron vulnerados por la guerra, y hacer valer la dignidad de todos los seres humanos. En manera alguna se pretendía incorporar una ideología de género que pusiera en riesgo la libertad religiosa, ni ignorar como el conflicto armado afectó a las familias y a otras poblaciones victimizadas, como los grupos étnicos o los integrantes de distintas iglesias. Lo importante es entonces reconocer las violencias contra estas distintas poblaciones y contra las familias, y asegurar que todas sean reparadas y que esos crímenes no se repitan.

Los integrantes de la Paz Querida y los demás firmantes de este comunicado tenemos otras posiciones y propuestas específicas, pero consideramos que estos puntos muestran que, privilegiando la dimensión moral de la paz, es posible un nuevo acuerdo que logrará, estamos convencidos, un robusto apoyo político y social para concretar la desmovilización y desarme de las FARC-EP y construir una paz estable y duradera.

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