“Consensos son posibles con compromiso ético por la paz”

 

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A un mes del triunfo del NO en el plebiscito, los integrantes de la Paz Querida consideramos que es necesario poner en primer plano la dimensión moral de la paz, a fin de superar la polarización que persiste y encontrar una salida razonable y rápida a la renegociación del acuerdo de paz.

La paz como valor moral

Se ha conseguido la paz como valor moral. Y todo valor moral  es siempre incondicional, libre de todo interés de sacar provechos individuales y colectivos, no negociable, porque vale completamente por sí mismo y nada hay por lo que justifique ser cambiado.

Es un logro ético de respeto a nosotros mismos, y de nosotros al ser humano, no solo en Colombia sino en todo el mundo. Por este valor que hemos ganado, los colombianos ponemos nuestro honor en la decisión de no matarnos nunca más por conseguir el poder. Y esto no de palabra, porque hasta hoy  no éramos creíbles por nuestros crímenes, sino con un pacto ético real que asume todos los costos y las responsabilidades de este compromiso moral.

Un logro de todos

Esto que se ha conseguido es el resultado del esfuerzo de todos. No hubiera sido posible sin los esfuerzos de los gobiernos precedentes y sin el inmenso movimiento de paz de Colombia llevado por organizaciones de mujeres, ONG, sindicatos, indígenas, afros, jóvenes, universidades, artistas. Sin el precio inmedible de miles de líderes populares, cívicos, políticos, que no estaban de acuerdo con la lucha armada y que fueron asesinados de todos los lados cuando trabajaban por la paz. Y por supuesto sin los cuatro años de complejas y difíciles conversaciones en La Habana, que recogieron todos los aportes precedentes.

Una toma de conciencia  que debemos a las víctimas 

Por muchos años nos resistimos a mirar de cerca a  las víctimas de dos mil masacres, treinta mil secuestros, las más de treinta mil desapariciones forzadas y los miles de falsos positivos, doce mil despedazados por minas antipersonas, doscientos ochenta mil civiles asesinados por los actores en guerra, más de ocho millones de familiares de los destrozados, que en su mayoría huyeron abandonando el campo y hoy están en las listas formales de víctimas. Este dolor finalmente se nos vino encima. No fue posible que  siguiéramos escapando de su presencia dramática; y al llegar desató en muchos de nosotros la compasión que no podíamos evitar. Y hemos llorado con ellos y ellas y por nosotros mismos.  Y con la compasión ha surgido en nosotros la urgencia de la responsabilidad. La obligación de parar esta locura.  Mientras las víctimas con sus testimonios nos mostraron en La Habana nuestra capacidad de destruirnos y odiarnos y someternos, unos a otras,  a la humillación y el terror. Para luego hacernos ver que en esas mismas víctimas estaba el coraje para emerger de la deshumanización profunda y rescatarnos, y mostrar  que los colombianos somos también capaces de reconstruirnos de nuevo, de volver a creer los unos en los otros, de reconciliarnos, incluso de perdonarnos.

Un logro frágil

Este logro moral, y por tanto generoso, es sin embargo frágil porque nosotros apenas estamos despertando como pueblo de una larga noche del alma, de una profundísima crisis espiritual, y los rezagos de esa crisis viven todavía en nuestro interior: miedo de los demás, desconfianza, reclamos, venganzas, sospechas, inseguridades, y por siempre las grandes pasiones humanas del poder, de la riqueza, del prestigio, del reconocimiento. Todo esto nos pone al borde de precipitarnos otra vez en la locura de la guerra política.

Por eso el grito de los jóvenes en las calles de Colombia pidiéndonos que nos liberemos del país que quedó atrás, que demos un salto cualitativo, que más allá del NO y del SI establezcamos la Paz Ya. Esto puede hacerse con base en cuatro presupuestos básicos:

  1. Lo importante es el ser humano. 8 millones de víctimas. Comprometernos con esta opción por la dignidad humana igual de todas y de todos es necesario si queremos ser parte de la comunidad internacional perpleja ante nuestra destrucción interminable.
  2. La necesidad de ir juntos. Esta paz la consolidamos entre todos o no habrá paz para nadie en Colombia.
  3. La obligación de cambiar. Para poder ir juntos todas y todos tenemos que cambiar.
  4. La decisión por parte de todos de decir la verdad y de aceptar responsabilidades.

El horizonte mayor

Hay que asegurar, más allá del SI y del NO,  que este valor moral de la paz se encarne en un acuerdo mayor, que sea ampliamente aceptable para el pueblo soberano, institucionalmente legítimo y socialmente consistente con un país de diferencias culturales y regionales. Un acuerdo que sea políticamente viable, económicamente factible y jurídicamente sólido  y eficaz.

Ese acuerdo es posible si se hace del resultado del plebiscito una oportunidad para superar nuestra polarización. El acuerdo de la Habana requiere modificaciones sustanciales que sean capaces de enfrentar las principales objeciones y preocupaciones de quienes votaron NO pero debe ser preservada la esencia y estructura del acuerdo ya firmado, que fue logrado después de largos años de difíciles conversaciones y recibió el apoyo de casi la mitad de los votantes.

Los consensos posibles

Los consensos son posibles si las partes en la renegociación (el gobierno, las FARC-EP y los voceros del SI y del NO) tienen siempre presente que, a pesar de sus discrepancias, pueden compartir las finalidades morales perseguidas por los puntos del acuerdo que suscitaron mayor polémica. Los siguientes diez puntos así lo muestran:

  1. La intención de incluir el texto del acuerdo en la Constitución y radicarlo en Suiza es garantizar su cumplimiento y protegerlo de los cambios políticos en el mediano y largo plazo. Lo importante es asegurar esta protección, sin que sea necesario llevar a la Constitución en forma indefinida la totalidad de los Acuerdos de la Habana.
  1. La intención de lograr la participación política de los exguerrilleros es el reconocimiento de que han luchado por el interés público negando la legitimidad del Estado, y ahora, gracias al acuerdo, reconocen la legitimidad de ese Estado y aceptan actuar políticamente desde dentro de este Estado que ahora respetan. Lo importante es establecer las condiciones de esa participación.
  1. La intención de crear 16 circunscripciones territoriales especiales transitorias es garantizar la inclusión y representación de zonas afectadas por el conflicto y el abandono estatal. Lo importante es garantizar ese propósito sin otorgar en ellas ninguna ventaja al movimiento o partido político que surja de las FARC-EP.
  1. La intención de establecer una jurisdicción especial de paz es asegurar el cierre jurídico del conflicto armado, satisfacer los derechos de las víctimas y la rendición de cuentas de los responsables de crímenes internacionales ante un tribunal imparcial y especializado. Lo importante es garantizar la autonomía e imparcialidad de esa jurisdicción especial sin que eso impida que se introduzcan precisiones sobre su funcionamiento y temporalidad.
  1. La intención de establecer sanciones alternativas para los responsables de crímenes internacionales, en vez de las penas ordinarias, es permitir que haya paz pero sin que exista impunidad por esos crímenes. Lo importante no es tanto que obligatoriamente sean penas de cárcel sino precisar las condiciones como se desarrollarán esas sanciones alternativas a fin de que haya garantía de que se trate de una sanción seria y significativa.
  1. La intención de dar prioridad a la reforma rural integral es proteger al campesinado de manera integral por estar allí el ojo del huracán de nuestra destrucción como seres humanos. Lo importante es asegurar esa protección al campesinado, sin que la reforma rural integral deba oponerse a la economía de mercado ni a las diversas formas de inversión de capital en el campo.
  1. La intención del acuerdo sobre la coca es acabar con todas las fuentes de financiación de la guerra insurgente – que son siempre financiaciones ilegales y perversas – porque ya no habrá más guerra interna; y por eso hay que ir hasta la erradicación total de las formas de acumulación criminal que incluyen los narcóticos, la minería criminal, el gota-gota, la extorsión en los barrios populares, Porque de lo contrario, de estas formas perversas, vuelven a aparecer las armas que sustituyen las leyes por la guerra. Lo importante es asegurar el control de esas economías ilícitas.
  2. La intención de que las FARC-EP acepten su participación en el narcotráfico es para que contribuyan a su desmantelamiento y pongan a disposición de la sociedad colombiana todos los bienes derivados de la denominada “economía de guerra”, en especial para que éstos contribuyan a  la reparación de las víctimas. Lo importante es lograr esos propósitos sin que eso implique desconocer el carácter político de las guerrillas, para lo cual son posibles diversas fórmulas jurídicas.
  3. La intención de asegurar la participación plural de las autoridades y comunidades en las instancias de seguimiento e implementación de los Acuerdos es fortalecer la democracia participativa. Lo importante es lograr ese propósito pero sin limitar las competencias de las autoridades locales ni permitir el monopolio de ex guerrilleros de las FARC-EP en las mismas.
  1. La intención de incorporar un enfoque de género en el texto es proteger a las mujeres y a la población LGBT cuyos derechos fueron vulnerados por la guerra, y hacer valer la dignidad de todos los seres humanos. En manera alguna se pretendía incorporar una ideología de género que pusiera en riesgo la libertad religiosa, ni ignorar como el conflicto armado afectó a las familias y a otras poblaciones victimizadas, como los grupos étnicos o los integrantes de distintas iglesias. Lo importante es entonces reconocer las violencias contra estas distintas poblaciones y contra las familias, y asegurar que todas sean reparadas y que esos crímenes no se repitan.

Los integrantes de la Paz Querida y los demás firmantes de este comunicado tenemos otras posiciones y propuestas específicas, pero consideramos que estos puntos muestran que, privilegiando la dimensión moral de la paz, es posible un nuevo acuerdo que logrará, estamos convencidos, un robusto apoyo político y social para concretar la desmovilización y desarme de las FARC-EP y construir una paz estable y duradera.

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“Consensos son posibles con compromiso ético por la paz”

El papa, la ecología integral y el nuevo acuerdo

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Por: Julio Carrizosa Umaña

Periódico El Espectador, noviembre 1 de 2016

La encíclica Laudato Si puede ayudar a construir el nuevo acuerdo de pa

Basta leer lo que dice el papa acerca de la política, la economía, lo social y lo ecológico; para Francisco todo esto se debe reunir en el concepto de ecología integral, que está “hecha de simples gestos cotidianos donde rompemos la lógica de la violencia, del aprovechamiento, del egoísmo”. Dentro de este concepto, el “amor a la sociedad” es la clave de un “auténtico desarrollo” que aliente una “cultura del cuidado” avanzando hacia la “civilización del amor” propuesta por Pablo VI.

Si se conoce la situación actual de Colombia, la recomendación del papa puede parecer ingenua; las palabras que hoy se leen y escuchan en los medios están fundamentadas más en el odio que en ese amor que Francisco promueve en el planeta, pero esa misma ingenuidad, ese alejarse de las tendencias actuales, puede ser una de las pocas oportunidades que tenemos hoy los colombianos.

La semana pasada oímos en la Universidad Javeriana al rector de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid explicar cómo Laudato Siconduce a construir una “cultura del encuentro que llame perentoriamente a dialogar, discernir, construir juntos puentes y no muros”. Eso es lo que se espera oír de la iglesia que considera la confesión y la absolución como un sacramento. Es en esos procesos en donde la penitencia puede ser la reparación de la ecología integral rota por la guerra, el narcotráfico, la corrupción y la pobreza.

Ser ingenuo en medio del escepticismo y el cinismo reinante abre senderos insospechados que pueden conducir, según el santo padre, a lo que él llama la “conversión ecológica”. Son senderos orientados por palabras que hoy oímos poco y que hacen sonreír a los más curtidos por las desgracias que hemos presenciado. Palabras como “sobriedad” , “cuidado”, “convivencia”, “bondad” y “humildad” para “redefinir el progreso” pueden generar rechazos automáticos en ámbitos políticos dogmatizados por los modelos de la extrema izquierda y la extrema derecha, pero también pueden reunir a las personas que se han alejado escandalizadas por las tragedias de estos años.

Es en esas personas en donde la apuesta por “otro estilo de vida” podría conducir a que sea una realidad el nuevo acuerdo, el texto de Laudato no solo puede ayudar “construir puentes” entre quienes negocian, sino también a generar una nueva ilusión de nación entre todos los colombianos

*Miembro de La Paz Querida

http://www.elespectador.com/opinion/el-papa-ecologia-integral-y-el-nuevo-acuerdo

El papa, la ecología integral y el nuevo acuerdo

Confianza por la paz

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Por. Rodrigo Uprimny

El Espectador, octubre 29 de 2016

Un acuerdo de paz que no cuentecon un amplio respaldo social y político será muy difícil de implementar en la práctica, incluso si se encuentran vías jurídicas apropiadas.

Es entonces importante seguir buscando un pacto por la paz muy amplio, que permita superar, o al menos reducir, la polarización que existe sobre el acuerdo de La Habana y que el plebiscito puso en evidencia.

Este pacto por la paz no es fácil pues las modificaciones al acuerdo deben ser sustanciales, para ser capaces de enfrentar las principales objeciones y preocupaciones de quienes votaron No. Pero igualmente deben ser específicas para preservar la estructura y la esencia del acuerdo de La Habana, que fue logrado después de largos años de difíciles conversaciones y recibió el apoyo de casi la mitad de los votantes.

No será fácil lograr un ajuste al acuerdo que reúna ese doble carácter, pero no es imposible. Un examen reposado de las propuestas de los principales voceros del No muestra que muchas de ellas (no todas) son aceptables para la mesa de La Habana. Es posible entonces que no sean primariamente las diferencias sustantivas las que estén haciendo tan difícil lograr un nuevo acuerdo, que cuente con el máximo respaldo político y social, incluido ojalá el del Centro Democrático. Existen otras razones. Y entre ellas una esencial es la desconfianza.

Los tres principales actores en estas complejas negociaciones a tres bandas (las Farc, el gobierno y los promotores del No) parecen estar atrapados, por sus desconfianzas, en una dinámica negativa. Cada uno parece pensar que los otros dos van a hacer trampa y que no será posible lograr un acuerdo satisfactorio para todos.

Esas desconfianzas no son gratuitas y muchas pueden tener sustento pero están minando la búsqueda de los consensos necesarios en esta coyuntura crítica. Es más, es incluso probable que, como en el mecanismo de la profecía que se autocumple descrito por el sociólogo Merton, la creencia de los tres actores en que ese pacto amplio por la paz es imposible, porque los otros van a trampear, es precisamente lo que está obstaculizando lograr ese pacto, por cuanto esa creencia los lleva a asumir actitudes que incrementan aún más las desconfianzas.

Por ello comparto la tesis del colega César Rodríguez en su última columna sobre la urgencia de encontrar fórmulas que mitiguen esa desconfianza. Y comparto sus sugerencias de i) buscar una institución mediadora que dé confianza a todos, ii) comprometerse públicamente con una metodología trasparente y ágil de discusión, y iii) recoger fórmulas intermedias de organizaciones o universidades que tuvieron posiciones diversas en el plebiscito.

Es claro que ningún vocero del No tiene un derecho de veto sobre el posible acuerdo ajustado y que el presidente Santos lidera el proceso y conserva todas sus facultades para lograr ese nuevo acuerdo. Pero todos deberían esforzarse genuinamente en superar las desconfianzas, para concretar un pacto amplio por la paz que permita una paz estable y duradera. Y la presión de la movilización social es fundamental para que eso ocurra.

http://www.elespectador.com/opinion/confianza-paz

Confianza por la paz

BIENVENIDA LA FASE PÚBLICA CON EL ELN

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Alguna corriente de la medicina conceptúa que aquello que no se resuelve en la mente, el cuerpo lo convierte en enfermedad. Igual sucede en el alma de la Nación, y si no resolvemos la crisis cultural en que nos encontramos, seguiremos sufriendo diferentes formas de violencia y degradación. Los desajustes en los fines del Estado han causado una descomposición generadora de los movimientos insurgentes, los cuales se han alimentado del narcotráfico, la extracción ilícita de minerales y otras prácticas mafiosas que han afectado la ética social. Ello exige tratamiento de fondo y las conversaciones con tales grupos apuntan en la dirección correcta.

No hay duda que Colombia vive una etapa crítica de su historia, la cual exige de sus dirigentes visión de futuro, liderazgo, creatividad y grandeza, como también debate, solidaridad y compromiso de la sociedad en general. Hagamos una lectura correcta de los hechos que hoy nos preocupan, miremos sin sesgos la intención de los acuerdos de La Habana, entendamos como positivos los indicadores de disminución de la violencia en los últimos años, como producto de tales conversaciones, y veamos en ello la oportunidad de generar cambios regenerativos y transformadores de nuestras costumbres. Concentrémonos para buscar mayor inspiración en los líderes y transpiración en las masas.

Comencemos por disminuir el fragor hasta terminar las discusiones entre vencedores y vencidos en el plebiscito, cuando en realidad somos un solo cuerpo como nación. Evitemos mayor polarización y tratemos de construir sobre lo construido, para lograr modificaciones en los acuerdos que beneficien al ente social en su conjunto, sin perder la esencia de lo logrado, ni la perspectiva de consolidación del Estado Social de Derecho.

En tal sentido, los miembros de la Paz Querida estamos comprometidos con el debate, la participación de la ciudadanía y a actuar como interlocutores de iniciativas que aporten a la construcción de la paz, hasta la formación de una masa crítica que genere cambios estructurales destinados a establecer relaciones sociales equitativas, constructivas y pacíficas.

Desde tal perspectiva, apoyamos las movilizaciones sociales a favor de un ajuste urgente de los acuerdos de paz. Ellas deben ser mantenidas y fortalecidas, buscando incrementar el clamor popular y la exigencia de cambios que privilegien la vida y la paz como bienes supremos. No más corrupción, no más muertes de inocentes en la lucha por el poder indigno.

Desde la óptica militar, la demora en concretar los acuerdos posplebiscito conlleva un alto riesgo. El tiempo es factor crucial en las actuales circunstancias. La disposición de grupos armados en áreas rurales sin misiones ni objetivos claros y con una logística limitada, son una invitación al ocio y a la indisciplina, lo cual fácilmente puede conducir a nuevas acciones delictivas y con ello a consecuencias no intencionales que motiven el rompimiento del cese al fuego y de hostilidades. Este es un riesgo donde la previsión aconseja agilizar los procesos hacia la construcción de una mejor Nación y no como se actúa para sacar al borracho de una fiesta.

Motivo de reconocimiento y esperanza es la apertura de la fase pública en las conversaciones con el ELN. Tres de los integrantes del equipo negociador son miembros de La Paz Querida, lo cual nos llena de orgullo. Para todo el equipo nuestro apoyo, colaboración y disponibilidad para contribuir al éxito en la tarea, conscientes que ello será también el éxito de todos los colombianos.

Miembro de La Paz Querida

http://www.elcolombiano.com/opinion/columnistas/bienvenida-la-fase-publica-con-el-eln-BY5256276

BIENVENIDA LA FASE PÚBLICA CON EL ELN

COLOMBIA CIENTÍFICA: LA GRAN APUESTA POR EL DESARROLLO

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Colombia Científica es una iniciativa que nos ayudará a desarrollar nuestro potencial educativo y científico bajo la convicción de que la educación es la única y gran oportunidad de equidad y desarrollo para nuestro país.

 

por VÍCTOR HUGO MALAGÓN

Revista Dinero

Con su venia querido lector, quiero compartirle en esta oportunidad una alegría personal. Tengo el honor de ser actualmente asesor en el diseño e implementación de una estrategia muy ambiciosa de promoción de la educación, la ciencia, la tecnología y la innovación en nuestro país: Colombia Científica. En esta misma columna hemos reflexionado sobre la importancia, la pertinencia y la urgencia de articular esfuerzos en la promoción de una sociedad de conocimiento, más educada y más innovadora.

Colombia Científica ha permitido la conjunción de compromisos, voluntades y trabajo entre el Ministerio de Educación, el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, Colciencias y el ICETEX, las instituciones del Estado más representativas en la construcción y ejecución de políticas educativas, económicas y de desarrollo, impulsando la ciencia y demostrando que somos capaces de sumar y multiplicar en un país más acostumbrado a restar y a dividir.

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Más allá de políticas transitorias de gobierno o de visiones de corto plazo, se intenta formular una estrategia de Estado que permita desarrollar todas nuestras capacidades y potencialidades sociales en un entorno global fuertemente influenciado por el uso intensivo del conocimiento y la tecnología. Por esta razón, programas como Colombia Científica, avanzan en la ruta de lograr mayor cobertura de educación superior con calidad, el avance hacia la equidad social, y la coherencia del sistema educativo y científico para poder desarrollar su autonomía y gobernabilidad.

Los rezagos de nuestro país en educación, ciencia, tecnología e innovación, son el resultado de la relación entre nuestros indicadores de investigación y nuestros indicadores de competitividad. Cuestiones como la capacidad del sistema productivo colombiano para innovar y generar valor agregado, en un diálogo fluido con los generadores de conocimiento e investigación y el desarrollo del capital humano adecuado y suficiente para hacerlo, son hoy cuestiones de capital importancia para la política pública, que brinde el impulso necesario para el desarrollo de nuestra sociedad.

Por eso, Colombia Científica busca, al final de cuentas, consolidar una educación superior de alta calidad, en las dimensiones de Investigación, Docencia e Internacionalización, en la que se desarrollen las capacidades de Investigación, se impulse el desarrollo tecnológico y de innovación, al tiempo que se aborden temas de gran relevancia y pertinencia para nuestro país en materia económica y social. En esta medida se iniciaría un camino hacia la consolidación de un sistema de investigación e innovación de excelencia científica, que esté articulado con el sector productivo y que, por lo tanto, contribuya a mejorar la competitividad, la productividad y el desarrollo social del país.

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Colombia Científica cuenta con dos grandes componentes:

Ecosistemas Científicos
Pasaporte a la Ciencia
Ecosistemas Científicos se desarrollará a través de convocatorias de fondos concursables, cuya asignación se hará por medio de una rigurosa selección de los proyectos de investigación que deben presentarse mediante alianzas estratégicas entre instituciones de educación superior acreditadas y no acreditadas, universidades internacionales de clase mundial, centros de investigación y actores relevantes del sector productivo. Cada una de las alianzas seleccionadas tendrá posibilidad de acceder a fondos de hasta 20.000 millones de pesos, montos nunca antes vistos en la promoción de proyectos de creación de conocimiento con rigor y pertinencia.

Pasaporte a la Ciencia, responde a la necesidad de incrementar en el país los niveles de innovación, investigación y desarrollo, a través de la formación del mejor capital humano a nivel de maestría y doctorado con becas y créditos condonables en las mejores universidades del mundo. Lo he dicho antes y lo seguiré diciendo: los recursos invertidos en la mejor formación de nuestro capital humano nunca serán suficientes.

Colombia Científica es una iniciativa que nos ayudará a desarrollar nuestro potencial educativo y científico bajo la convicción de que la educación es la única y gran oportunidad de equidad y desarrollo para nuestro país, en linea con el pensamiento de ese gran educador y pedagogo que fue John Dewey: “La educación no es la preparación para la vida; la educación es la vida en sí misma”.

http://www.dinero.com/opinion/columnistas/articulo/colombia-cientifica-la-gran-apuesta-por-el-desarrollo-por-victor-malagon/237373

 

COLOMBIA CIENTÍFICA: LA GRAN APUESTA POR EL DESARROLLO

Intercambio

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Por: José Fernando Isaza

Periódico El Espectador, octubre 26 de 2016

La propuesta de renegociación del tratado Gobierno-Farc (G-F) enviada por Uribe plantea mantener el statu quo del sector agrícola, no actualizar el catastro y garantizar que quienes se hicieron a las tierras dejadas por desplazados mantengan la propiedad de ellas.

La revisión de los títulos de quienes se lucraron de la violencia está en la ley de tierras y reparación de víctimas que el Congreso aprobó. Al finalizar la “violencia”, el presidente Alberto Lleras determinó que las transacciones de tierras realizadas durante ciertos periodos y en áreas determinadas quedaban sin efecto, medida mucho más radical que la contenida en la ley de tierras. El espectáculo del procurador Ordóñez y de los representantes del C.D., impidiendo que se hiciera efectivo el derecho de los desplazados a recuperar sus parcelas arrebatadas por los latifundistas, fue un presagio de lo que vendría.

Dos propuestas de Uribe: amnistía general para los guerrilleros rasos no incursos en delitos de lesa humanidad y no aceptar el narcotráfico como delito conexo a la rebelión, aun si los recursos se dirigen a la financiación de la subversión y no al lucro personal, son contradictorios entre sí. Es poco probable que un militante raso de las Farc no haya participado, por ejemplo, en recolectar las “tasas de gramaje” o en proveer “seguridad” a algún laboratorio o una pista. Por lo tanto, la amnistía se cae al ser sindicado de participar en algún eslabón de la cadena del narcotráfico, delito, según Uribe, no conexo con la rebelión y, por la tanto, sujeto a penas contempladas hoy en el Código Penal y a la posibilidad de extradición.

Razón puede asistirle a Uribe cuando se queja de que las penas a los guerrilleros que han cometido delitos de guerra son inferiores a las que han sido condenado sus amigos que han delinquido (delincuentes) o que están siendo sometidos a juicio. De no existir los compromisos con la Corte Penal Internacional y que el país ha avanzado un poco desde las leyes del “lejano oeste”, esta objeción podría solucionarse como se hacía en la antigüedad, intercambiando prisioneros o espías.

Si el máximo representante de las Farc, Timochenko, y el líder del No, Uribe, se sentaran a puerta cerrada, cada uno daría una lista, digamos, de 30 nombres, los cual adquirirían total inmunidad, no serían juzgados y si lo han sido serían inmediatamente exonerados.

Un ejercicio mental interesante sería adivinar el listado de ambas partes.

Por Uribe, sus buenos muchachos que pusieron una entidad oficial al servicio del paramilitarismo. Algunos excongresistas “voten por los proyectos del gobierno antes que los detengan”. Su hermano, acusado de pertenecer a los “12 Apóstoles”. Para matizar esta inclusión, se alegaría que se trata de un error de traducción de arameo antiguo, que la referencia es a los “cuatro evangelistas”. Quienes utilizaron el aparato estatal para “chuzar” personas e instituciones. Sus exministros que colaboraron en aceitar los votos para la reforma constitucional que permitió la reelección, etc.

Por las Farc, todo el Secretariado y algunos comandantes que participaron o no condenaron ni evitaron las graves violaciones del derecho internacional humanitario, como el secuestro, el ataque a población civil, el reclutamiento de menores.

A pesar de lo repulsivo de este intercambio de impunidades, permitiría desatar el nudo gordiano y empezar una nueva era.

http://www.elespectador.com/opinion/intercambio

Intercambio

Todos estamos traumatizados

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Por: Julio Carrizosa

Periódico El Espectador.com, octubre 26 de 2016

Ningún colombiano pudo salvarse de los impactos de la guerra; consciente o inconscientemente, todos tenemos recuerdos que modifican nuestro comportamiento.

Más de tres generaciones fueron afectadas por la guerra de guerrillas y paramilitares, financiada en parte por el narcotráfico, facilitada por la corrupción del Estado y de los particulares y alimentada por carne joven extraída de las comunidades más pobres.

Estos cuatro factores: violencia, corrupción, narcotráfico y pobreza se criaron y se reforzaron unos a otros, pulularon en la diversidad ecosistémica y, al mismo tiempo, deterioraron la belleza y la extrema complejidad de nuestros paisajes.

Los más traumatizados por estos procesos son los que afirman que nunca hubo guerra.

Muchos de ellos se negaron a percibirla al encerrarse en sí mismos, protegidos por legiones de guardaespaldas. Otros han vivido desde niños en el exterior o en los mejores barrios de las grandes ciudades y de la guerra sólo conocen lo que se ve en las salas de cine o en la red; algunos sólo quieren olvidar completamente sus desgracias.

Los que simplemente creen que negándola consiguen sus objetivos son aquellos que han resuelto no ver a las víctimas, incluso no verse a sí mismos, los que están sumergidos sin darse cuenta en imaginarios que los ponen en cúspides inmarcesibles.

Claro está que a todos los colombianos nos tocó la guerra en la cabeza, incluso a quienes la vimos desde lejos. Los cuatro candidatos a la Presidencia asesinados, los seis millones de desplazados, las decenas de miles secuestrados no se olvidan en ninguna mente sana y esa trágica realidad es necesario reconocerla para construir la paz.

En especial, es necesario que reconozcan la guerra quienes vivieron en los territorios más protegidos o aquellos a quienes sus condiciones socioeconómicas aparentemente los defendieron de sus impactos. Entre estos, los bogotanos que sólo tuvieron que quejarse del tráfico o de los ladrones, los costeños que fueron capaces al fin y al cabo de librarse de la violencia cachaca, los antioqueños, los boyacenses, los caucanos, los vallunos y los santandereanos, que sobrevivieron a la degradación de sus regiones. Todos ellos suman más de 20 millones de ciudadanos que prefirieron no votar; posiblemente, sus traumas los conducen a alejarse completamente del poder y tienen razones que debemos todos considerar si queremos construir la paz.

Miembro de la Paz Querida

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Todos estamos traumatizados